Economía Cotidiana 30/8/17

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Democracia mala y cara

Por Julio César Vega Olivares

El elevado costo electoral en México, ha venido siendo motivo de discrepancia política ya que las elecciones mexicanas por una parte son de las más caras del mundo, sobre todo que son con cargo a los contribuyentes y por otra parte; de que esto no se refleja en asegurar elecciones limpias ni exentas de fraudes.

Huelga decir que las elecciones en el país se realizan con una enorme carga de desconfianza, en cuanto al uso de desviaciones predemocráticas utilizadas desde el poder, para cambiar o modificar los resultados electorales a fin de falsificar la voluntad popular, para beneficiar a determinado candidato y darle el triunfo por encima de la voluntad democrática mayoritaria expresada en las urnas.

 Preocupa, que en lugar de que el INE realizará un programa de austeridad para disminuir el costo electoral y de garantizar elecciones limpias y democráticas, utilizando los medios disponibles y hasta tecnología electrónica, con sistemas inviolables y de realizar una auditoria al padrón utilizando sistemas electrónicos para la comparación de huellas dactilares y de reconocimiento facial, para eliminar la posibilidad de duplicados.

 Y que para evitar las distorsiones electorales mas frecuentes como el relleno de urnas, así como la falsificación de actas de casilla, se puede modificar el sistema y  que  al votar en la  urna se tenga un dispensador de boletas electorales electrónico, el cual mediante la huella digital del votante  se active la impresión de la boleta electoral, única para cada elector, con  hora de la emisión, con un  folio especifico y firma digital, y un desprendible con el nombre y datos del elector en papel especial que no se pueda falsificar y que automáticamente lo descuente del sistema  para que ya no pueda votar en ningún otro lado. O en su caso votar en pantalla táctil, todo esto porque una de las quejas mas frecuentes es el relleno de urnas y la falsificación de actas o que estas resultan ilegibles, lo planteado impediría el relleno de urnas y evitaría la necesidad de tinta mancha dedos, tener en cada centro de votación sistemas electrónicos protegidos contra falsificación, para obtener automáticamente el acumulado de votación, electrónicamente al final de cada votación y obtener copias electrónicas e impresas, de  las  actas de casilla con firma y huella digital de cada funcionario y representantes de partido que sean totalmente legibles.

Los consejeros del INE no piensan en la legalidad electoral, ni en establecer mecanismos antifraude; pero si en cuanto van a gastarse y asignar contratos, lo que implica la posibilidad de corrupción, lo que parece un mayor motivante.

Sabemos que se debe tener un monitoreo y revisión permanente y real de las elecciones, antes, durante y después, para llevar un conteo de gastos de campaña, establecer mecanismos para evitar el clientelismo y la compra del voto y observar la legalidad de la elección, sin distinciones partidistas.

Sin embargo el INE ahora sólo demanda más recursos económicos, para los comicios del 2018 y no prometen nada, sobre mejorar la calidad de las elecciones.

Este año se gastaron, $15,000 millones de pesos y ahora pretenden un presupuesto de un poco mas de $25,000 millones de pesos es decir un incremento del 66 por ciento, el presupuesto más alto en la historia para un año electoral.

Para su gasto operativo $18,226 millones de pesos, y para financiar a los partidos políticos $6789 millones, pero a pesar de ese enorme gasto nada nos garantiza elecciones limpias, lo que debería ser el objetivo central del gasto.

Los organismos electorales estatales también manejan financiamiento estatal y los partidos recibirán por este concepto $6013 millones de pesos, más $6789 millones de pesos, suman $12,802 millones de pesos y se suponía que al realizar las elecciones estatales, coincidentes con la presidencial y algunas federales eso disminuiría  el costo electoral.

Los $25,000 millones de pesos, que solicitan los consejeros del INE, suman el presupuesto conjunto de la cámara de senadores y la de diputados, de la auditoria superior de la federación, de la suprema corte de justicia, y del tribunal electoral federal, así se las gasta el INE.

Pues tal parece que la democracia en México es mala y cara.

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