Tratar de explicar a México 11/12/17

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¿Perdón…? ¡Jamás!

Por Francisco Martín Moreno

El cardenal Norberto Rivera, otro de los grandes personajes ignominiosos pertenecientes al clero católico, absolutamente indigno de haber sido arzobispo primado de México, presentó su renuncia a su elevado cargo, misma que le fue aceptada en términos inmediatos por el papa Francisco. ¡No falta más! Los jefes del Estado del Vaticano se han tomado, en ocasiones, hasta siete años en aceptar una dimisión de uno de los jerarcas de la iglesia y en el caso que nos ocupa, fue aceptada en tan sólo unos meses de su interposición. Todo un récord. Por algo será…

El alto prelado consignó en su texto de renuncia después de haber encabezado injustificadamente el arzobispado durante 22 años: “Pido perdón por mis debilidades y omisiones. Al final de mis días espero encontrarme con mi Salvador, rico en misericordia”.

Si existiera la justicia divina, la inmanente, Norberto Rivera debería encontrarse no con un Salvador, rico en misericordia, ¡qué va!, sino con el mismísimo Satanás, con Mefistófeles en las puertas del averno. ¿Razones? “Monseñor” Rivera jamás temió la ira de Dios que provocaba con sus actos infamantes ni demostró miedo alguno en relación al día en que enfrentaría el juicio final ni exhibió con su conducta preocupación alguna por su destino final por toda la supuesta eternidad.

No pretendo erigirme en juez supremo de nadie -¿Cómo? ¡Imposible!-, ni invitaría a ninguno de mis dos lectores a hacerlo, pero ¿cómo perdonar a un “padre” de la iglesia que cuando era obispo de Tehuacán -a donde nunca debería haber llegado- encubrió abiertamente a Nicolás Aguilar, un cura depravado y repugnante que había abusado sexualmente de más de 90 pequeñitos de México y de Estados Unidos. ¿Cuál fue la respuesta también degenerada de Rivera? Mandar a Los Ángeles, California, al tal delincuente que había ofendido gravemente a la niñez y a la sociedad mexicana, en donde el desnaturalizado y pervertido continuó dañando niños. ¿Por qué encubrir a un pederasta aborrecible en lugar de enviarlo a prisión? ¿Sería, a saber, porque padecía la misma proclividad pedófila que el “padre” Aguilar? ¿Usted, respetado lector, perdonaría a un pederasta o a quien lo encubre? ¿Usted cree que el Salvador de Norberto Rivera por más rico que sea en misericordia, lo va a perdonar cuando se supone que todo lo sabe y lo ve desde las alturas? Él habrá visto en horripilante detalle lo que ocurría en la sacristía de Tehuacán y, por tanto, tendrá muchos más elementos de juicio que los del humilde mortal que redacta estas breves líneas.

¿Más? Rivera protegió, encubrió, disminuyó o ignoró las cataratas de denuncias en contra de Marcial Maciel, otro jerarca, el líder multimillonario de los Legionarios de Cristo, otro protervo y no menos degenerado “Padre de la iglesia”, acusado de haber violado a una docena de seminaristas y a decenas de alumnos de las escuelas de la legión. ¿Por qué encubrió a Maciel? ¿A cambio de dinero podrido? ¿Por complicidad? Cualquier respuesta me parece más insultante y oprobiosa que la otra.

Otro parrafito más al respecto para evaluar las posibilidades de perdón: Alberto Athié y José Barba denunciaron, ante la PGR, al cardenal Rivera por el encubrimiento de 15 sacerdotes pederastas en la arquidiócesis de México. ¿Tantas denuncias son producto de la casualidad? ¿De verdad lo son? ¿Usted lo creería?

Creo que de existir el Salvador y de contar con toda la evidencia del comportamiento de su hijo “Norberto”, no sólo no le abrirá las puertas del paraíso, sino que, sin previo juicio final, ni trámites celestiales, lo mandará a una de las galeras más ardientes y asfixiantes del infierno y eso sí, por toda la eternidad, sin derecho a purgatorio, nada de cadena perpetua de los mortales, sino cadena eterna…. Ni el demonio siquiera debería recibirlo. El diablo no debe considerar necesarias las explicaciones al haber sido Rivera uno de sus alumnos más destacados.

¡Claro que se desplomó el número de feligreses en la arquidiócesis capitalina, empeñada en lucrar con el copyrightde la virgen de Guadalupe! Mientras que el papa Francisco dedicaba homilías en las que explicaba la necesidad de impartir consuelo espiritual a las personas que profesaran su amor por otras del mismo sexo, Rivera, un troglodita, al menos, se negó a dichas uniones y las condenó, hasta armar una estrategia política electoral para negar una importante realidad de nuestro tiempo, como también lo es la suspensión voluntaria del embarazo.

Este cardenal multibillonario hubiera sido el primero en abandonar el templo a la voz estentórea de Jesús cuando largó a los fariseos con las siguientes palabras bíblicas: “¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del castigo del infierno?”.

¿Perdón? ¡Jamás! Norberto Rivera destruyó muchas vidas de pequeñitos, lo mejor de México, y ni con la más rica misericordia de su Salvador podría ser jamás perdonado. ¡Que nunca descanse en paz!

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