De libros y otros chuchos 27/1/18

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Por Nancy Jácome

Se están abriendo varios espacios para que los jóvenes exploten sus habilidades deportivas y artísticas, este lunes dará inicio el taller de teatro infantil que será impartido en un horario de cuatro a cinco y media de la tarde para niños de seis a doce años los días lunes y miércoles.

Si bien el deporte es importante también es necesario que se abran más espacios culturales, para que los jóvenes puedan desarrollarse sus diversas habilidades, esperemos pronto ver más espacios en música, ballet, danza y más actividades que puedan desarrollar los niños y jóvenes. 

Espacios que sin duda cada vez son más necesarios para dar a las jóvenes herramientas con las cuales poder defenderse ante la vida.  Hace algún tiempo platicaba con un amigo que tiene un negocio y señalaba que, si bien la educación actual nos obliga a tomar una licenciatura para triunfar en la vida, lo que hace falta son personas que sepan hacer oficios.

A raíz de esa conversación creo que, si bien es necesario tener un título profesional, también es necesario aprender un instrumento, un idioma, un deporte o un oficio de forma consistente que pueda convertirse en otra fuente de ingresos. Quien sepa tocar un instrumento podrá unirse a un grupo y animar fiestas y reuniones cuando no haya trabajo, quién sepa un inglés podrá fungir como traductor de turistas y quien sepa un deporte podrá enseñar a las siguientes generaciones a luchar.

Se dice que el problema con los millenials es que son la generación mejor educada y la peor pagada, tal vez sea cierto, pero será una generación que sí sabe aprovechar todas las herramientas no desesperar por vivir en la austeridad de los tiempos que corresponden a esta generación. 

Para este fin de semana te recomiendo un pequeño cuento de Gabriel García Márquez “La luz es como el agua” en el que Totó y Joel piden a sus padres que les compren un bote con todo y remos, en una ciudad donde no hay rio, ni laguna ni mar, esto porque habían obtenido buenas calificaciones. Lo que hizo que el padre no pudiera faltar a su palabra y en plena ciudad con un departamento muy pequeño comprara un bote para navegar.

Los niños lo subieron al departamento y cada vez que sus padres salían rompían una bombilla y llenaban la casa con agua de luz, navegaban por muchos lugares y siempre antes de que sus padres llegaran a casa terminaba el viaje.

Después pidieron equipo de buceo y los padres no entendían porque querían algo así en un lugar donde no lo podían ocupar, pero nuevamente volvieron a destacar y no hubo más remedio que comprar lo que querían.

Finalmente lograron el primer lugar de conocimiento y el padre pregunto qué querían como premio, unas fiestas pidieron ellos, una fiesta con todos sus amigos.

Madrid se llenó de pánico y al departamento de los padres de Totó y Joel llego la policía, porque por las ventanas y el techo desbordaban ríos de luz, al abrir el departamento encontraron todo flotando, hasta los niños invitados un poco embriagados con una botella de alcohol que habían encontrado, Totó estaba aferrado a la proa del bote y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante.

Así los encontró la policía y este me ha parecido el cuento más alucinante de Gabriel García Márquez. Los mejores escritores comenzaron a escribiendo pequeños cuentos, atrévete y escribe el tuyo yo una vez imagine un mar con un castillo de cristal en él y un tren que volaba para llegar a él. Con la imaginación todo se puede.

Nos vemos en la próxima columna.

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