Juegos de poder

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¿Trump versus López Obrador?

Por Leo Zuckermann

Espero que los que creían que Donald Trump, una vez instalado en la Casa Blanca, incumpliría sus promesas de campaña con respecto a México reconozcan su error. El Presidente de Estados Unidos se ha lanzado duro en contra de los inmigrantes indocumentados, la mayoría de ellos mexicanos. No ceja en su empeño de construir un muro en la frontera sur insistiendo que, de alguna manera u otra, México lo pagará. La renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) está atorada debido a cláusulas inaceptables que está poniendo el gobierno estadunidense sobre la mesa: “Píldoras venenosas” que en realidad establecerían un proteccionismo a favor de EU. La guerra comercial, de hecho, comenzó la semana pasada con la imposición de aranceles por parte del vecino del norte. México, en consecuencia, decretó aranceles en represalia. Por donde se vea, la relación bilateral pasa por uno de sus peores momentos de la historia contemporánea.

Y, no nos hagamos bolas, así seguirá mientras Trump continúe en la Casa Blanca. A ese Presidente, en el mejor de los casos, le vale un sorbete México. En el peor, quiere hacerle daño. Quizá, como sospechan algunos, hay un elemento personal en su determinación de atacar a México: Una venganza por lo mal que le fue cuando trató de hacer negocios en nuestro país. Lo cierto es que el maltrato a México es un asunto que gusta a su base electoral. Los consultores de Cambridge Analytica hicieron bien su chamba al encontrar que al electorado trumpista lo animaba un muro pagado por México, deportaciones masivas de mexicanos indocumentados y la rescisión del TLCAN. Es por eso, me temo, que Trump seguirá jodiendo a México todo lo que pueda: Eso lo mantiene popular en su base electoral e incrementa sus probabilidades de reelegirse.

No descartemos que Trump siga escalando el conflicto con nuestro país. Que en cualquier momento retire a EU del TLCAN e imponga más aranceles aduciendo la ridícula justificación de “seguridad nacional”. México tendrá que reaccionar estableciendo más represalias para que los empresarios estadunidenses afectados presionen y Trump recule. El problema es que al Presidente de EU le importa un pepino la racionalidad económica. Lo que lo mueve es la política: Mantener el apoyo de su base electoral, a la que le encantan los ataques a México.

Trump es un animal de la televisión. Como pocos, entiende que la popularidad de un protagonista está en función de la relación con su antagonista. Hasta hoy, hay que reconocerlo, el gobierno del presidente Peña ha sido muy disciplinado para no convertirse en el antagonista que busca Trump. No se ha enganchado con las múltiples provocaciones lanzadas.

Eso podría cambiar si López Obrador gana las elecciones presidenciales. Hoy, de acuerdo con el pronóstico de oraculus.mx, existe un 8% de probabilidad de que las pierda. Y, aunque no me cansaré de repetir hasta el último día de la campaña que una probabilidad baja no es una probabilidad nula, asumamos que el morenista efectivamente triunfa. ¿Qué va a hacer con Trump?

Llaman la atención las declaraciones que AMLO hizo la semana pasada apoyando al presidente Peña en la difícil coyuntura de lidiar con un personaje tan conflictivo y caótico como es Trump. Es una señal positiva que el puntero en las encuestas esté evitando el conflicto interno, propio de un proceso electoral, lo cual podría debilitar al gobierno mexicano frente a un Presidente estadunidense que quiere hacernos daño.

Ojalá que López Obrador, tal como ha hecho Peña, tenga la disciplina de no engancharse con Trump para convertirse en su antagonista. No es ni fácil ni popular. Lo fácil y popular, de hecho, es lo contrario. Envolverse en la bandera nacional y salir a mentarle la madre a Trump después de cada tuitazo. Sacar el antiyanquismo que sigue latente y forma parte intrínseca del nacionalismo mexicano. Trump encontraría a un perfecto antagonista para ser el popular protagonista que su base electoral demanda. Y lo mismo tendría AMLO: Un fantástico antagonista para consolidar su popularidad con un discurso nacionalista. Maravillosos el uno para el otro. Se complementarían a la perfección. Grandes utilidades políticas para cada uno de ellos. La gran víctima sería, desde luego, la compleja relación bilateral de los dos países vecinos y, huelga decir, por la asimetría existente, el más afectado sería México.

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