Los comerciantes de carne aseguran que para evitar pérdidas mayores, se abstienen de matar animales y se limitan a exhibir el promedio de producto que ya saben podrán vender, pues existen personas que no profesan el catolicismo y, por ende, no se dejan llevar por esta costumbre religiosa y sí gustan de comer carne.
Sin embargo, dicen, no deja de ser un periodo difícil para quienes dependen del negocio de la venta de carne, no así para la venta de pescados y mariscos, cuyos precios se disparan debido a la Cuaresma.