18 de Marzo de 2026

“Se privatiza la seguridad por el vacío del Estado”

-Refieren que el espacio urbano se fragmenta ante medidas de vigilancia, creándose una “zona gris” entre lo legal y lo ilegal, según experta

AGENCIAS
El aumento de la inseguridad y la falta de respuesta de las autoridades ha llevado a una “privatización parcial de la seguridad” por las medidas frecuentes que emplean los habitantes para evitar ser víctimas de algún delito, señala el estudio “Privatización de la seguridad pública en metrópolis mexicanas. Retos institucionales, socioculturales y territoriales”.

“Asistimos a una privatización parcial de la seguridad pública, por las acciones tomadas por la sociedad civil, tanto en el campo del consumo, como en el de la producción para remediar el vacío que el Estado no ha cubierto en materia de seguridad”, indicó Claudia Zamorano Villarreal, del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) y autora del documento.

El problema de la inseguridad, indica la investigación, ha generado incremento de los cuerpos de seguridad pública y privada en el país desde 1980; un contexto de legalidad e ilegalidad, la mercantilización de la seguridad, miedo y desconfianza en los habitantes, así como una fragmentación del espacio urbano ante las medidas tomadas por los habitantes para evitar ser víctima de un delito.

La investigación refiere que la incidencia delictiva y el temor en los habitantes, repercute directamente en su calidad de vida, ya que existen dos clases de seguridad en el país: la que tienen las personas de clase alta y las de baja extracción social.

Al analizar el caso de una comunidad en el municipio de Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México, Zamorano Villarreal indicó que se pagó a la policía municipal 260 mil pesos mensuales para mejorar la vigilancia.

“En el caso de la clase alta es que se producen una especie de burbujas de seguridad autónomas del Gobierno. A partir de la inseguridad, los vecinos se comenzaron a organizar, instalaron cámaras de seguridad, dispositivos faciales, tarjetas digitales y vallas sofisticadas”, explicó.

Mientras que en el caso de las colonias populares, los ciudadanos optaron por cerrar calles, crear autodefensas urbanos, realizar linchamientos, amenazas y simulacros.

El aumento de las medidas en las casas y principalmente en las calles dio la pauta a una fragmentación de la urbanización ante la colocación de cámaras de seguridad, rejas o cierre de calles.

 

“Esto crea una especie de ‘zona gris’ entre lo legal y lo ilegal, entre lo legítimo y lo ilegítimo, porque la gente está creando problemas que se tienen que atender ante las precauciones que toman para protegerse”, explicó.

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