6 de Diciembre de 2021

La importancia de nuestro Día de Muertos

PAOLA FÉLIX

A las mexicanas y mexicanos: Cada 2 de noviembre (Día de Muertos), en las diferentes regiones de México se celebra el regreso temporal de los familiares y seres queridos difuntos. Una festividad sincrética entre la cultura prehispánica y la religión católica que, dado el carácter pluricultural y pluriétnico del país, tiene diversas expresiones populares, transmitidas de generación en generación que, con el paso del tiempo, se les han añadido diferentes significados y evocaciones, tanto en el campo como en las ciudades.

Las festividades indígenas por el Día de Muertos forman parte de la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad declarado por la UNESCO. Enfatizan la importancia de su significado como una expresión tradicional y, al mismo tiempo, contemporánea, viva integradora, representativa y popular.

El Festival del Día de Muertos de la CDMX recupera y aglutina lo mejor de las tradiciones de las 32 entidades federativas con una visión nacionalista y reivindicatoria de nuestras raíces e historia. Es una celebración, pero también una expresión de resistencia y una forma de resignificar la cosmovisión indígena. Es un retorno transitorio de las ánimas de los difuntos y del alma de nuestras culturas para que no sufran la peor de todas las muertes: el olvido.

En la Capital Cultural de América no muere la gastronomía, la música, las artesanías, los cantos, los colores y las flores. La ausencia es sustituida por la presencia. Durante estos festejos surge el reencuentro entre nuestros pueblos, entre nuestros ancestros y las nuevas generaciones, entre lo individual y lo colectivo, entre las clases sociales y entre las creencias religiosas. Se fortalece la identidad y el sentido de pertenencia, y se despierta la solidaridad social.

“Es una celebración a la memoria y un ritual que privilegia el recuerdo sobre el olvido”. Para nuestros visitantes nacionales y extranjeros, estas fiestas y tradiciones son un gran atractivo que convoca a diferentes nacionalidades a celebrar nuestra mexicanidad, raíces e historia.

El festival del día de muertos en la CDMX está conformado por una diversidad de actividades que dibujan de cuerpo entero el compromiso por impulsar una política de Estado que abraza lo nuestro, porque lo sabe íntima y legítimamente propio, por lo que salvaguarda la herencia milenaria para el México de hoy y del mañana. Un festival contemporáneo y vanguardista que amortigua el choque de dos mundos para beneficiar a las familias que dependen del sector turístico, restaurantero, cultural, artístico, artesanal y de servicios, cuya ocupación hotelera alcanza 80 por ciento de su capacidad y deja una importante derrama económica proyectada. Lo cual en tiempos de recuperación económica resulta una alegoría a la vida, a la prosperidad y a la esperanza.

Las acciones son compartidas con la iniciativa privada. Asimismo, la mayoría de las asociaciones y cámaras, aportan medios y recursos para hacer posible este festival que representa una importante oferta turística de nuestra Ciudad, y un elemento cultural fundamental para sus habitantes.

Por primera vez se rinde homenaje a las mujeres indígenas, mazahuas, triquis, nahuas, ñañus, zapotecas y mixtecas, representadas en seis grandes muñecas con vestidos de cada uno de sus pueblos originarios, con un mismo rostro en calavera, en un desfile de reivindicación histórica y resistencia.

Del 29 de octubre al 2 de noviembre, la CDMX una vez más abre sus puertas para refrendar que es una ciudad de clase mundial, innovadora, diversa e incluyente. Es la ciudad que lo tiene todo, y la única con una festividad dedicada a los difuntos que le ofrenda vida a todo un pueblo, cuyas calles huelen a chocolate, pan, mole, pulque y cempasúchil.

Desde Benito Juárez “La Calavera Garbancera” de José Guadalupe Posada, bautizada como “La Catrina” por Diego Rivera, es un símbolo característico de estos festejos populares que nos recuerdan que incluso “la muerte es democrática, ya que, a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. Por eso las Catrinas ocupan un lugar preponderante dentro del festival, recordándonos en una estética metáfora que en la Ciudad de México la democracia está viva y tiene un largo camino por andar.


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