ALMA GRANDE

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Morena, alerta máxima

 Ángel Álvaro Peña

La primera llamada está dada. No importa quién esté detrás, lo cierto que el fallo del Tribunal Federal Electoral es digno de mayor atención por el resultado de los magistrados y los pretextos y excusas que dieron seis de los siete involucrados al permitir que una figura no contemplada en los estatutos de Morena, como la presidencia interina, tuviera vigencia y legalidad.

Pero no fue la única contradicción de los seis magistrados que de un plumazo y en una libre interpretación de los artículos del estatuto, destituyeron a quienes formaban parte del Consejo Ejecutivo Nacional, apegados a derecho e instalaron a quienes fueron electos en una reunión sin quórum ni orden del día, ni acta.  En desacato total a los estatutos que el propio Tribunal valoró y aprobó. Los magistrados pasan por alto factores determinantes, como el hecho de que quien quiera ocupar un cargo en el CEN de Morena debe renunciar a su anterior responsabilidad con 90 días de anticipación, esta vez quienes se autoeligieron, renunciaron a sus diputaciones después de haber sido electos miembros del CEN.

La historia no es nueva para Bertha Luján, quien inició el principio del fin del PRD y lo hizo pedazos con prácticas como las que ahora muestra el Tribunal Electoral. Sabe lo que hace. Finalmente, la situación de Morena se definió de manera judicial, lo que el grupo de Luján condenaba, porque afirmaba que se trataba de un partido político que debía resolver sus conflictos dentro del marco de la política.

La cortina de humo es el dinero que está de por medio, porque este grupo, ahora aprobado por el Tribunal, se opuso desde siempre a la devolución del 75 por ciento de las prerrogativas. Anunciaron, desde la intentona de golpe de Estado, que el Instituto de Formación política requiere de mucho dinero, pero seguramente les sobrará bastante.

El Tribunal Federal Electoral, es el único que es inapelable, es una especie de Inquisición donde los intereses entran y salen engordando bolsillos.

El hecho es que con el pretexto del dinero ahora mueven de la legalidad, de la congruencia y de la lógica al propio Tribunal, creando figuras, espacios y nombramientos que los estatutos de Morena no admiten. Cuando sucede esto en el partido en el poder su intención desestabilizadora no se limita al partido sino al gobierno y a la base social que lo sustenta.

Los legisladores y los jueces son piezas clave a la hora de un golpe de Estado blando. Ahí están los ejemplos de Lula y Dilma, en Brasil; de Cristina Fernández, en Argentina; de Evo Morales, en Bolivia; de Maduro, en Venezuela; etc. El esquema es el mismo. Descalificar las obras públicas, debilitar la fortaleza social del gobierno y dar, entonces sí, el golpe de Estado blando que presione para un golpe radical de timón del gobierno, no del partido.

Lo que se hace con Morena es un ensayo que preparará a la opinión pública a ver que la legalidad no lo es todo a la hora de desgastar y sustituir a alguien dentro de la estructura de un partido político que, desde el principio, no quisieron que existiera.

Obligar al Tribunal a dar resoluciones que atentan contra los estatutos, la lógica y la coherencia, habla de que se trata de un experimento que tendrá mayores repercusiones, en una situación donde se tratará de manipular las decisiones de gobierno, sobre todo para que el pueblo regrese a los funcionarios públicos, lo robado.

El esquema de comprar jueces, magistrados, legisladores viene del vecino país del norte. Es el mismo siempre y saben que en América Latina estos gremios son proclives a aceptar dinero para darle la razón a quien no se la merece, en nombre de la legalidad.

La ingenuidad de quienes se prestan a estos manejos a cambio de dádivas, considera que, si no lo hacen ellos, cualquiera lo haría, así que prefieren ser ellos quienes protagonicen el principio del golpe de Estado.

Las irregularidades en el fallo destituyen a la Presidenta de Morena y colocan a un presidente interino, a pesar de no existir esta figura en los estatutos de ese partido. Como una manera de llevar adelante un partido político, buscan reflectores y sólo manifiestan su júbilo cuando se trata de planificar, porque a la hora de actuar poco será lo que puedan concretar.

Ellos fueron parte de ese partido llamado Morena al que acusan de inmovilidad, de pasividad, de ser una izquierda falsa, pero jamás movieron un dedo para trabajar.

El insumo más manejable de quienes pueden ser manipulados para operar contra los intereses de la derecha, es el protagonismo de los acomplejados que quieren ser lo más importante, aunque sea unos días a cambio de la destitución de otros, porque, en realidad, no han ganado nada solos.

El aparente triunfo de Alfonso Ramírez Cuéllar al frente de Morena le obliga a organizar elecciones en menos de cuatro meses, pero como consideraban que dichas elecciones se hicieran con el padrón que ellos tienen, descalificado de antemano por el INE y el Tribunal, donde la mayoría los apoya, le apostaron todo; sin embargo, el Tribunal fue contundente al decir que las elecciones para la Presidencia del partido deberán de hacerse a través de encuesta, tal y como lo había recomendado el jefe del Ejecutivo y fundador de Morena.

Si esta treta legaloide no es un ensayo para hacerlo en mayores magnitudes con el gobierno federal, entonces se está allanando el camino para que en este país la legalidad sea corrompida como ha sucedido por muchos años.