NIÑOS EN EL CRIMEN

el

SASKIA NIÑO DE RIVERA

“El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto,

quemará la aldea para poder sentir su calor”.

Proverbio Africano.

Damián, un niño invisible para el Estado, no tenía identificación, no se acordaba de su cumpleaños, ni de su nombre completo.

El contexto familiar estuvo lleno de carencias, negligencias y violencias. Su madre lo vendió junto con su hermano Joshua. Del lugar donde pasó su primera infancia no recuerda mucho porque escapó junto a su hermano y huyeron hacia el norte del país.

Un grupo criminal mató a Joshua; Damián quedó solo, vivió en la calle y en los basureros.

Comía lo que se encontraba. Una pareja se convirtió en su tutor, pero Damián ya se había acostumbrado a estar por su cuenta.

A los 9 años, probó por primera vez la droga para olvidar su tristeza. Le “ayudó” a no pasar hambre. En ese mismo periodo, Damián ya estaba involucrado en actividades delictivas (robo a casa habitación) y poco a poco fue involucrándose más (robó pertenencias, automóviles).

El dinero lo utilizaba para seguirse drogando. No cumplía los 10 años y ya lo habían invitado a convertirse en informante sobre dónde había bebés para ser robados con facilidad. Sabía que los menores eran entregados a un doctor para sacar órganos y venderlos. Damián recibía 25 mil pesos por niño.

Fue reclutado como halcón por el grupo delictivo de los Zetas, después transitó a labores más operativas y cometió delitos como homicidio y secuestro.

A los 12 años lo detuvieron por primera vez. Fue sentenciado a 4 años por secuestro, homicidio, asociación delictuosa y portación de armas. La cárcel le ayudó a sobrevivir y a romper con una espiral de descomposición, me cuenta.

Damián está consciente de que la vida que tenía era complicada, pero no está dispuesto a regresar a formar parte del crimen organizado.

México afronta una problemática que se agravará si como país no decidimos reconocerla y afrontarla. El uso de niños, niñas y adolescentes dentro de la delincuencia organizada es una práctica mucho más común de lo que pensamos.

Hace unos días, con los dos niños de origen mazahua descuartizados, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, relacionó el caso con un tema de delincuencia organizada. Es muy probable que así sea. Los grupos criminales han visto una oportunidad en el reclutamiento y entrenamiento de los menores dentro de sus operaciones delictivas y esto, en gran parte, tiene que ver con la falta de protección de niñas y niños en el país.

Las autoridades y sociedad debemos entender las operaciones criminales para poder prevenirlas y dinamitar su actuación. En materia de delincuencia organizada, los códigos que se usaban en el pasado, han ido quedando obsoletos.