SERPIENTES Y ESCALERAS

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SHEINBAUM BAJO FUEGO

SALVADOR GARCÍA SOTO

Mientras la pandemia se le desborda en la Ciudad de México, resultado de sus decisiones tardías y de no haber declarado el semáforo rojo en los primeros días de diciembre por atender a las presiones presidenciales, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, enfrenta ahora otra gran crisis en la columna vertebral del transporte público y la movilidad de la ciudad. El incendio del Centro de Control 1 del Metro dejará sin funcionar a la mitad de las líneas del transporte colectivo más importante que tiene la capital del país.

En ambos casos, el primero con la pandemia donde enfrenta cifras récord de contagios, hospitalizaciones y muertes en la ciudad con un sistema hospitalario al borde del colapso, y el segundo con un terrible incendio en el centro neurálgico del Sistema de Transporte Colectivo, cuya causa apunta a una falta de mantenimiento adecuado en las estratégicas instalaciones del Metro, producto de la malentendida y mal aplicada austeridad que por ahorrar unos pesos termina costándole mucho más a la ciudad, Sheinbaum está pagando el costo de una sumisión política total a los designios y órdenes del presidente López Obrador que le ha impuesto muchas de las políticas y decisiones aplicadas por su administración.

La jefa de Gobierno no ha logrado, a pesar de sus intentos, desvincularse del enorme cordón que la ata a Palacio Nacional y eso, si bien la mantiene cerca de los afectos del presidente y eventualmente de una decisión futura, la aleja cada vez más de sus gobernados y de la posibilidad de construir un gobierno propio en el que las decisiones que se tomen, buenas o malas, sean sólo suyas y de su equipo de colaboradores y no tengan que pasar por el tamiz o la aprobación del presidente. Sobre todo porque, a la ahora de ajustar cuentas, cuando los ciudadanos exijan explicaciones y reclamen por las afectaciones y los daños que les ocasionan las malas decisiones, el costo político será todo e intransferible para la doctora que dice gobernar esta ciudad.

La Ciudad de México no ha dejado de ser el epicentro de esta pandemia desde que comenzó en febrero de 2020 y aunque eso se debe en parte a que somos la entidad más poblada del país y que tenemos una zona conurbada densamente habitada con el Estado de México, también se explica porque la capital fue la que más se ciñó desde un principio a las estrategias y políticas federales que resultaron claramente fallidas. Si a eso se suma la falta de medidas obligatorias y la tibieza en la aplicación de las restricciones sanitarias, bajo el consabido argumento del respeto a las “libertades y los derechos”, junto con un doble discurso de las autoridades que obligan y cierran al comercio formal, que paga impuestos y que invirtió en la aplicación de medidas de higiene y sana distancia, mientras le dan rienda suelta y permisividad total al comercio informal que concentra grupos y multitudes sin ningún tipo de medida sanitaria, el resultado es una ciudad caótica y dispareja, donde la mitad de sus habitantes se cuidan y atienden las restricciones, mientras la otra mitad hace caso omiso y se convierten en fuente de contagio.

Cuando Claudia Sheinbaum se dio cuenta de que los yerros y manipulaciones de Hugo López-Gatell nos estaban llevando al desastre, comenzó a tomar sus propias medidas, incluido su propio sistema de medición de casos y hospitalizaciones. Muy rescatable resultó la decisión de hacer pruebas masivas en la capital, a partir de noviembre pasado, pero lamentablemente la tardanza con que se tomó esa decisión ya no tuvo el efecto que se hubiera deseado.