
REDACCIÓN
TUXPAN
Lo que antes eran hechos aislados, hoy parecen formar parte del día a día de los tuxpeños. La violencia en la ciudad se ha vuelto constante, visible y alarmante. El reciente ataque armado al interior del Hospital IMSS Bienestar, que dejó un muerto y un herido grave, confirma un patrón que preocupa a la ciudadanía: ya no hay horarios ni lugares seguros.
El atentado ocurrió dentro de un hospital, un espacio que se supone resguardado, donde médicos, pacientes y familiares quedaron atrapados en medio del pánico. A pesar de la rápida movilización de las fuerzas de seguridad, el hecho ya había ocurrido. Aunque el agresor fue detenido, el daño ya estaba hecho, y lo más grave es que no fue un hecho aislado.
Tuxpan cuenta con una amplia presencia de fuerzas armadas: el 39 Batallón de Infantería, la 19 Zona Militar, la Fuerza Naval del Golfo, el Sector Naval y recientemente se ha integrado la Guardia Nacional para reforzar la vigilancia.
Aunado a ello la presencia de la policía municipal y Estatal. Sin embargo, los resultados no son visibles en las calles. A pesar de los constantes operativos, la inseguridad crece, los ataques armados se repiten y la ciudadanía se siente cada vez más vulnerable.
La preocupación aumenta porque los hechos violentos ya no se esconden. Ocurren a plena luz del día, en sitios públicos, en vialidades transitadas, e incluso dentro de hospitales. El miedo se cuela en las rutinas, en los comercios, en las casas. Y lo peor que puede pasar es que como sociedad se acostumbren a ello.
“No se puede normalizar la violencia. No se puede permitir que lo extraordinario se vuelva cotidiano. Tuxpan no era así. Los tuxpeños no merecen vivir con miedo. Es urgente que las autoridades replanteen su estrategia de seguridad, que den resultados y que escuchen a una población que solo quiere vivir en paz”, manifestaron tuxpeños mediante sondeo.
Indicaron que la violencia no puede ser la nueva normalidad. La exigencia es clara: seguridad real, acciones efectivas y una respuesta contundente para recuperar la tranquilidad de una ciudad que ha sido golpeada, pero que aún quiere y puede levantarse.