De libros y otros chuchos 27/12/17

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El ciclo de la vida

Por Nancy Jácome

Estos últimos años he estado reintegrándome poco a poco a la naturaleza o tomando realmente conciencia de ella y aunque una parte de mí sigue atendiendo a los llamados de la mercadotecnia, la publicidad y la tecnología, otra parte camina por la tierra sorprendiéndose con cada pequeña vida que se encuentra a su paso.

Así que en esta columna les hablaré un poco del ciclo de la vida que he aprendido, recientemente compartí en redes sociales un video que algunos me pidieron bajar y otros entendieron como algo natural. Y aunque fue grotesco fue muy real y lo dejé en redes.

Las imágenes son referentes a una comunidad del otro lado del mundo donde no se entierra a los muertos, allá no se da sepultura a los cuerpos porque la tierra es muy dura para escavar, de esta forma son dejados al aire libre y en algunos casos picado incluso por la mano humana para que los buitres se den festín.

Es una imagen realmente cruel pero por otra parte se cumple el ciclo de la vida, uno nace se alimenta de otros seres vivientes, se reproduce, muere y alimenta a otros seres vivientes. Sin embargo en un mundo civilizado donde todo debe ser bello, estas imágenes impactaron a muchos.

Y ya que caminamos por la senda del mundo estéticamente bello, todos o casi todos los que gozamos de internet hemos visto esas imágenes donde se ve a un grupo de personas cazando ballenas en pleno siglo XXI.

Por fin después de leer a algunos viajeros, encontré el lugar del que proceden las fotos que a todos nos han horrorizado. Es un hecho que sucede desde hace muchos años en las islas Feroe desde 1298 para ser un poco más precisos y más allá de ser un simple ritual, es lo que durante el año le da de comer a la población.

Juan Pablo Villarino mochilero desde el 2005 viajó a aquellas remotas tierras donde fue recibido por la calidez de la gente y pudo acceder a mucha más información que las simples imágenes frías que nos regalan los medios internacionales.

Es una simple cuestión de alimentación pues mientras nosotros pagamos por un producto en un supermercado o en una carnicería donde hay un grupo de personas destinadas para realizar las labores de matanza los feroeses lo hacen con sus propias manos, pero para hacerlo deben primero certificarse en el arte de matar a una ballena sin dolor. 

Así como te lo cuento se lee muy cruel, pero Juan Pablo en su texto hace una reflexión realmente interesante y es que mientras nosotros disfrutamos de la belleza publicitaria de comernos una hamburguesa con extra carne y extra queso sin tener que hacer las faenas de matanza de un animal que nace con la intención de ser criado  y engordado para morir y vender las partes de su cuerpo para el consumo de las masas humanas; los feroeses no crían  a las ballenas simplemente las atrapan como cualquier cazador en su ambiente natural, sin embargo aunque sea cruel la matanza de esta ballena es de apenas 800 ejemplares que equivale apenas al 0.1% de su población anual. La diferencia es que ellos hacen el trabajo sucio y nosotros pagamos para que alguien más lo haga.

Sin duda es un tema que crea controversia porque hay quienes dirán que no es lo mismo una vaca que una ballena, pero realmente les recomiendo leer  “Caza de ballenas en las islas Feroe: ¿salvajismo o práctica sostenible?” en la página web http://acrobatadelcamino.com/2017/11/caza-de-ballenas-islas-feroe/.

Realmente un artículo que merece un momento de tu tiempo pues pondrá en contradicción todo lo que piensas sobre la caza de las ballenas y te recordará que tú también eres parte de una matanza silenciosa y tal vez peor que la que críticas.

Alguna  vez me tocó ver a un señor quejarse de había matado un conejo frente a su nieto y este se puso a llorar, le preguntó ¿Por qué lloras, si tú te lo comes? ….

Pero es muy cierto que  lloramos por los animales que mueren frente a nuestros ojos, pero nos olvidamos de aquellos que nos comemos y  es que nos hemos separado tanto de las actividades primarias de subsistencia que olvidamos que eso es lo que se hace para vivir. 

Nos vemos en la próxima columna.

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