De libros y otros chuchos 18/5/17

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No se mata la verdad matando periodistas

Por Nancy Jácome

Un periodista más se sumó a la lista de reporteros, corresponsales, columnistas y fotógrafos que han perecido en este y en el año anterior y el anterior en el cumplimiento del deber.  No pondré su nombre ni el estado al que pertenece no porque no sea importante sino para ver si ustedes lo saben.

Ellos y ellas son como muchos de ustedes que salen en la calle en la mañana para ganarse el sueldo y regresan a su casa para compartir la tarde con su familia, esto cuando la noticia no les exige estar de nueva cuenta en la calle.  Y es que el reportero no tiene hora de entrada al trabajo, pero tampoco tiene hora de salida, sus descansos son entre comillas porque si bien el periódico no se publica al otro día, esto no quiere decir que la información se detenga.

El periodismo es una profesión muy singular, es de las que más exigen y menos paga. El reportero debe cumplir una serie de requisitos y habilidades para poder desempeñar su función, debe ser ortográficamente correcto, ser estadista, ser fotógrafo, debe ser analista, médico, ganadero, jornalero, debe conocer la historia, el contexto y por qué se dan los hechos,  debe esperar hasta cinco horas por información que finalmente quedan resumidos en menos de una cuartilla.

El reportero tiene menos días festivos que la mayoría de los mexicanos, no cobra tiempo extra porque eso no existe en su jerga, no cobra guardias festivas, no cobra utilidades, tampoco existen los viáticos  y a veces no tiene ni IMSS ni infonavit.

Este fin de semana un reportero fue asesinado, el mundo lo condeno porque tal vez tu no lo sabias pero internacionalmente su trabajo brillo. Y lo más triste es que la gente se pregunta ¿En que estaría metido?, ¡Él se lo busco!, ¡Si ya sabe que de esos temas no se debe hablar!

Nadie le dio las gracias por su trabajo, nadie le dio las gracias por entregar la vida con la esperanza de que sus letras les brindaran un poco de la verdad que ocultan las autoridades, el narcotráfico, la gente mal.

Y es que uno como reportero puede obviar el carpetazo del caso de las autoridades, el desinterés de la “gente mala”. Pero uno nunca puede obviar al pueblo para el que escribe y trabaja.

Dicen por ahí que el pueblo tiene el gobierno y la prensa que meceré. ¿Será estos necesariamente cierto? ¿Será el pueblo tan cobarde que no pueda ni lamentar las muertes de este gremio?

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