De libros y otros chuchos 13/2/18

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El Tenek, el Náhuatl y el castellano

Por Nancy Jácome

En un lugar tan pequeño como San Francisco del municipio de Chontla, Veracruz convergen tres lenguas, el tének de la Huasteca Baja, el náhuatl y el español, debido a que es uno de los límites de la huasteca.

A ese lugar ubicado entre montañas llegué acompañada por un grupo de personas interesadas en conocer más de la Huasteca Veracruzana, para aprender sobre el Carnaval Tenek que se celebra desde una fecha que se perdió en el tiempo. La sierra de Otontepec fue nuestro guardián vigía durante todo el viaje.

Curiosamente es en las comunidades donde he aprendido un poco más sobre la humanidad y sobre lo que significa sociedad.

 En un Tuxpan más cerca de las nuevas tecnologías de la civilización y cada vez más alejando de sus costumbres, es fácil perderse al grado de no saber cuál es nuestra verdadera identidad o al menos la identidad del lugar donde vivimos.

Allá en San Francisco, llegamos a un carnaval para reír y festejar, pero también llegamos a un carnaval que para la población se vio opacado por el fallecimiento de un señor de la localidad, no pregunté quién era, no pregunte por qué falleció. Como visitantes guardamos silencio cuando paso el cortejo fúnebre, después de la misa acompañando a su amigo a la última morada.  Muchos de los que se quedaron en el festival comentaron que hubieran querido acompañar, pero que había que celebrar la fiesta.

Una breve mirada me bastó para darme cuenta que el festival sería celebrado por menos de la mitad de las personas que ahí habitan, pues la comunidad tenía que sepultar a su hijo. Habrá personas que tal vez sean acompañados a su última morada por tener grandes cargos o por tener un impacto muy grande en la sociedad. Pero ahí en San Francisco la gente lo acompañó a su última morada sólo por pertenecer a su comunidad, sólo por ser él.

Sin embargo, no por ello la fiesta fue aburrida, al lugar llegaron varios grupos de danza, sin duda el de los Meco en nahual y que en Tenek tiene también su nombre (el cual me pronunciaron, pero por temor a escribirlo mal no lo escribiré hasta que aprenda más de esta lengua), es el que más llama la atención, niños, jóvenes y adultos embarrados en lodo, cantando, gritando, llevando en su cabeza coronas hechas con plantas que se encuentran fácilmente en la carretera. Algunos llevaban en sus manos lanzas hechas de madera, con una ardilla amarrada a ella, coronada al final por plantas del lugar. La música el sonido de caracoles de mar siendo soplados, jarana y violín.

La danza de los Comanches consiste en hombres vestidos con trajes rojos, quienes llevan mascaras negras cubriendo sus rostros, también van acompañados del violín.

Como visitantes participamos en el desentierro del bolim que son tamales parecidos al Zacahuil, pero hechos con una masa diferente que se cuecen toda la noche bajo tierra para ser desenterrado al día siguiente y ser compartido con todos, se sirven en hoja verde, con una cuchara igualmente hecha de planta. De bebida probamos el atole de frijol que preparan para acompañarlo con el bolim, aunque también nos regalaron refresco.

Después vino el ritual de sanación realizado por los mecos en el que varias personas participaron, un ritual que se hace a la vista de todos, con música y baile. Pues, así como el mal se suelta en estas fechas, también es un momento para sanar.

Las horas de viaje valieron la pena y a nosotros la visita nos salió en 210 pesos porque contratamos un autobús que nos llevara, más lo que comimos en el camino. En San Francisco no gastamos más que en aguas y refrescos, porque los anfitriones nos dieron todo gratis.  Existen baños públicos, pero realmente y siendo honesta están muy descuidados, por ello solicitamos prestados los de una casa y la amabilidad de las personas nos dejó muy agradecidos, no nos querían cobrar, pero les dejamos una pequeña aportación por los inconvenientes que les causamos.

Sin embargo, si he de advertirles que ir a comunidad es ir pensando en que pasarás un buen rato, pero no con las comodidades de la ciudad, muchos de los baños aún son letrinas y así como hay públicos también hay privados, yo siempre te recomendare que si visitas una comunidad pidas prestado uno de casa y apoyes a la familia con una pequeña aportación.

Nuestro retorno a casa fue temprano, pues terminando el carnaval la gente desapareció y cuando nos dimos cuenta ya no había nadie, pasamos Chontla para tomar una bebida y continuar nuestro retorno a casa custodiados por la Sierra de Otontepec.

Nos vemos en la próxima columna.

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