El domingo todo fue fiesta y algarabía en el centro de operaciones de Morena. Hacia el mediodía, el partido en el poder llevaba una amplia ventaja en la elección presidencial y en la Ciudad de México, según las encuestas de salida y la información que recibían desde el Instituto Nacional Electoral (INE). Lo mismo en Veracruz, Morelos y Puebla se comenzaba a perfilar un triunfo del oficialismo, a pesar de que en los tres estados los gobiernos morenistas fueron altamente cuestionados y las encuestas perfilaban una elección cerrada. Pero sí hubo sorpresas: casi nadie esperaba los 30 puntos de ventaja de Claudia Sheinbaum sobre Xóchitl Gálvez. Y cuando lo supieron en el cuarto de campaña, todos se abrazaron, gritaron, brincaron, cantaron. ¡Arrasamos!, decían, mientras que Sheinbaum esbozó una sonrisa, repartió algunos abrazos, y se enfocó en su discurso de victoria.
En la jornada del domingo los mercados operaban tranquilos. El peso, que se intercambia las 24 horas del día, prácticamente no se movió hasta muy entrada la noche, cuando los resultados preliminares anticiparon una mayoría abrumadora. Al filo de la medianoche, cuando la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, anunció los primeros resultados oficiales que marcaban una distancia cercana a 30 puntos en las tendencias de la elección presidencial, el tipo de cambio comenzó a depreciarse hasta 2.5%. La reacción de los inversionistas, más que al triunfo abrumador de Claudia Sheinbaum, se debió a la mayoría calificada que obtuvo Morena en la Cámara de Diputados y que también perfilaba en el Senado. En ambas cámaras se terminó logrando la mayoría constitucional.
El viernes expuse que “si bien los inversionistas han descontado una crisis poselectoral, el resultado de la elección sí va a incidir en las proyecciones de mediano plazo de los mercados, sobre todo si en el Congreso no se logran los equilibrios democráticos deseados”. Y no se lograron. El “carro completo” de Morena advierte regresiones democráticas e institucionales, empezando por las reformas al Poder Judicial, al sistema electoral y a la desaparición de los organismos autónomos. A los inversionistas no les gustan estos desequilibrios ni la falta de contrapesos; por eso este lunes emitieron su primera llamada.
Ayer el peso se depreció hasta 4.2%, al cotizar en 17.77 unidades, mientras que en las operaciones después del cierre del mercado se ajustó ligeramente y la baja fue de 3.5%. La moneda mexicana se mantuvo como una de las que tuvo peor rendimiento de las de países emergentes en la jornada del lunes. Por su parte, el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores cerró con una caída de 6.11%, su peor desempeño desde marzo del 2020. Por su parte, la Bolsa Institucional de Valores descendió más de 7% durante la jornada, lo cual la obligó a suspender operaciones. Que no haya duda: los mercados se manifestaron en contra del poder que Morena va a tener a partir de septiembre, cuando entre en funciones la nueva Legislatura. Los mercados también “votan” y este lunes lanzaron la primera llamada de alerta al gobierno y a la falta de contrapesos. Primera llamada, primera.
Tanto así que los bancos y casas de bolsa enviaron notas a sus inversionistas advirtiendo sobre el escenario político-económico del país. No se trata aún de una alerta que busque ahuyentar a los grandes fondos de inversión y de pensiones extranjeros que concentran buena parte de los bonos mexicanos, puesto que el diferencial de tasas con respecto a Estados Unidos y otros países sigue siendo muy atractivo, sino de ponerlos en alerta sobre lo que pudiera venir a partir de septiembre, con la ansiada reforma al Poder Judicial de la Federación que ayer mismo volvió a mencionar el presidente López Obrador y dijo que va a dialogar sobre el tema con la presidenta electa, Claudia Sheinbuam.
Por lo pronto, para intentar apaciguar a los mercados, el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, sostendrá este martes una llamada privada con analistas e inversionistas de los principales bancos de México y el mundo para intentar despresurizar el ambiente de incertidumbre financiera que prevalece en el país tras las elecciones del domingo. ¿Cuál será el mensaje del secretario, a quien ya se confirmó que seguirá al frente de Hacienda por lo menos durante el primer año del siguiente gobierno? ¿Que el “carro completo” no pone en riesgo la institucionalidad del país? ¿Se atreverá a decir –como lo hizo en su momento Arturo Herrera sobre que no habría dinero para la Refinería Dos Bocas o Alfonso Romo sobre que el aeropuerto de Texcoco no se cancelaría– que no van a pasar las reformas contra las instituciones del país ¿Le alcanza para dar una certeza así? Todo indica que no y que el nerviosismo persistirá hasta septiembre.
Y la pregunta aún más importante: ¿Se atrevería López Obrador a heredar una crisis financiera a la primera presidenta de México? ¿No es suficiente el déficit fiscal de 5?4% proyectado para 2024, que le deja prácticamente ningún margen presupuestal a Claudia Sheinbaum? ¿Lo permitirá la presidenta electa? Ya lo veremos.