
Hoy, 15 de septiembre de 2025, México volvió a hacer historia, pero no solo en la tierra: también en el cielo.
En la alcaldía Azcapotzalco, en pleno desfile oficial del Día de la Independencia, ocurrió lo impensable: un contingente extraterrestre (invitado por la Alcaldesa) marchó hombro con hombro —o tentáculo con tentáculo— junto a cadetes, charros y danzantes, fue la primera vez en el mundo que un gobierno abrió espacio a lo que siempre se llamó “fenómeno OVNI”.
No fue un capítulo de La Dimensión Desconocida, ni una broma de ciencia ficción. Fue real, documentado, con tambores, trompetas y aplausos, los niños levantaban sus banderitas y preguntaban inocentes: “¿y esos de qué planeta vienen?”. Los viejos sonreían sabiendo que la historia les había dado la razón: no estábamos solos, pero ahora tampoco desfilábamos solos.
El humor marciano estuvo presente, uno de los visitantes intergalácticos intentó dar el paso redoblado, pero terminó levitando en zigzag, mientras otro, muy formal, saludaba como si llevara veinte años en la escolta de bandera y aun así, nadie se quejó: al contrario, el pueblo los recibió como si siempre hubieran estado en las fiestas patrias, como si Hidalgo, Morelos y la mismísima Doña Josefa hubieran dejado un asiento reservado para ellos en la mesa de la independencia.
Los que hicieron historia este día fueron seres humanos con visión y valentía: Marciano Dovalina, Daniela Soy, Armando Álvarez, Sergio Rüed, Fidel Arizmendi, Julio Lara, Héctor Hassan, Alexis García, Sergio Más, Juan Carlos Reyes, Manuel LaPayre, Ignacio Velázquez y Silvia Del Razo, Alan Vergara y Abe, nombres que, como los de los héroes de 1810, quedarán grabados en la memoria colectiva. Ellos abrieron la puerta, y los de las estrellas la cruzaron con respeto y gratitud.
Este desfile no solo fue un gesto político o un acto cultural: fue un mensaje profundo, la independencia no termina en expulsar yugos de la tierra, sino en liberar la mente para aceptar lo desconocido. Hoy México no solo gritó “¡Viva la independencia!”, sino también “¡Viva la unión cósmica!”.
Y así, entre aplausos, risas y guiños al cielo, quedó sellado el pacto: que el futuro de la humanidad no se escribirá solo con espadas ni con cañones, sino con manos extendidas, antenas erguidas y corazones abiertos.
Porque si algo nos enseñó este 15 de septiembre de 2025 es que la independencia también puede ser interplanetaria.