17 de Marzo de 2026

19a

LA FECHA QUE CAMINA EN SILENCIO PORQUE NADIE LA QUIERE MIRAR

El Día del Hombre existe, sí, ahí está, marcado en el calendario como un visitante tímido que nadie espera y que todos olvidan, llega sin ruido, sin flores, sin mensajes, sin aplausos.

Pasa de largo como una sombra y no es porque no importe, es porque la historia se aseguró de que no pareciera necesario.

Durante siglos, al hombre se le asignó un papel rígido y sin permiso para sentir: el fuerte, el que puede, el que resuelve, el que sostiene aunque se esté desmoronando.

El que no llora.

El que no pide.

El que no necesita.

Con ese guion heredado, ¿cómo iba a tener impacto un día dedicado a él? ¿Cómo va a celebrar el mundo a quien siempre le enseñó a no esperar nada?

Por eso el Día del Hombre pasa desapercibido: no tiene símbolos emocionales, ni publicidad, ni rituales, no tiene campañas de colores suaves ni tiendas que hagan promociones, no tiene siquiera una narrativa sólida.

Pasa en silencio, como pasan casi todos los hombres cuando cargan lo que nadie ve.

La razón verdadera

La sociedad está tan acostumbrada a exigirle al hombre, a que cumpla, a que aguante, a que funcione…

que agradecerle se siente extraño, reconocerlo parece innecesario. Honrarlo suena exagerado.

Es más fácil ignorar su vulnerabilidad es más cómodo asumir que “él está bien”. Es más práctico creer que un hombre no se quiebra mientras siga produciendo, ayudando, manteniendo, protegiendo.

La verdad es brutal:

el Día del Hombre no le interesa a nadie porque casi nadie se pregunta cómo está un hombre mientras siga cumpliendo su papel, s funciona, si da, si resuelve, si soporta, la sociedad lo da por hecho, aunque por dentro esté roto, aunque lleve años tragándose el cansancio, aunque su alma esté llena de silencios que nunca dijo.

¿Cuándo nació este día?

El Día Internacional del Hombre apareció oficialmente en 1992, un intento académico del profesor Thomas Oaster por equilibrar la conversación, luego, en 1999, Trinidad y Tobago retoma la propuesta, la impulsa, la ordena, la hace visible ante la ONU y la UNESCO.

Es, de todas las fechas conmemorativas, una de las más jóvenes, quizá por eso nadie la entiende todavía, quizá porque reconocer al hombre implica reconocer también su dolor, sus límites y sus heridas… y eso incomoda a muchos.

El Día del Hombre existe, pero es una fecha que se siente vacía porque toca una fibra que el mundo no quiere tocar: la fragilidad masculina.

No sabemos qué hacer con ella.

No sabemos dónde colocarla.

No sabemos cómo mirarla sin desarmar narrativas que llevan siglos allí.

Así que, en lugar de mirarla, la evitamos y el día pasa como si no existiera, pero, aunque se ignore, la realidad sigue allí:

Los hombres también se sienten solos.

También se cansan.

También se rompen.

Un hombre que nunca pide ayuda se hunde sin hacer ruido.

Un hombre que cree que debe aguantarlo todo termina vacío.

Un hombre que no encuentra un espacio simbólico se vuelve invisible hasta para sí mismo.

El Día del Hombre no es una celebración de poder, es una ventana de humanidad, un recordatorio de que ser hombre duele, pesa, exige y que detrás de cada paso firme hay una historia que nadie contó.

Por eso merece existir:

no para agrandar egos,

sino para abrir la conversación que llevamos siglos evitando.

Porque tal vez, si un día lo miramos sin prejuicios, sin burlas, sin clichés, sin miedo, dejemos de fingir que no pasa nada cuando pasa delante de todos.

Y descubramos, por fin, que en cada hombre late una verdad que nadie ha sabido abrazar.

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