18 de Marzo de 2026

Después de un buen tiempo vuelvo a redactarles esta columna. Este año he tomado por primera vez en mis manos un libro de Haruki Murakami y me ha dejado una nostalgia en el corazón que me cuesta comprender, aún hoy lo tengo acongojado.

En 2013 el nombre del autor nipón resonó en el mundo, primero por ser favorito para ganar el premio Nobel de Literatura y después por perderlo ante la canadiense Alice Munro y un año después ante el francés  Patrik Modiano.

Murakami no ha conseguido el cotizado premio, pero ha ganado ponerse en el ojo de los lectores y es así como sus obras aparecen por montones en las librerías, entre ellas “Tokio Blues”, que es la que les comento ahora.

Muchos consideran “Tokio Blues” como la obra máxima de Murakami, debido a la complejidad y delimitaciones de personajes. Debo admitir que al principio creí que el protagonista Toru Watanabe me llevaría a un recuerdo del pasado y después me traería de vuelta a su vida. Pero no ha sucedido así, me llevó a su pasado y ahí me dejó estancada, sintiendo la nostalgia  de su corazón.

En un aeropuerto, Toru  escucha una canción de los Beatles y la melodía lo remonta a esos años en que compartía con Kitzuki y su novia Naoko, sus mejores amigos. La vida los separaría y él volvería a encontrar a Naoko en Tokio, compartiendo no sólo vivencias, sino también un muerto en común.

Murakami es asombrosamente fácil e increíblemente difícil, te lleva de la mano sin emociones fuertes y poco a poco te sume en un recuerdo melancólico, siguiendo una historia en la que crees que no pasa nada e increíblemente sucede todo, sin que te des cuenta.

La vida de Watanabe es simple y tranquila, estudiante regular con trabajos de medio tiempo y amistades muy contadas. Es su relación con Naoko y más tarde con Midori lo que le dará el sabor a su vida.  Las mujeres que ponen en jaque su corazón tienen grandes problemas y diferentes formas de afrontarlos.

Los personajes de la obra son adolescentes convirtiéndose en adultos, tomando ese momento de enfrentarse al gran cambio, pero de una forma altamente consciente y con la comprensión de la muerte muy presente en sus vidas.

¡Me sorprendió!, tal vez por mi ignorancia sobre la cultura japonesa,  que los personajes mantienen relaciones sexuales desde jóvenes, como algo normal de la vida, sin la gran complicación que se da en México. En ratos parece que lees una obra de occidente, por su alta referencia a obras y música de esa  cultura.

Esta ha sido la columna que más me ha costado escribir y es que Murakami me ha dejado con un nudo de sentimientos que me ha sido imposible desenredar adecuadamente. Diría Reiko, uno de los personajes sorprendentes de esta historia: “hay que desmadejar hilo por hilo”.

La fragilidad, inadaptación y fortaleza con que el autor describe a los personajes femeninos, es asombrosa. Naoko es la fragilidad en su máximo esplendor y a su forma tiene una fortaleza brutal. Mientras que Midori es el personaje que da alegría al libro y a la vida del protagonista, aun con su complicada situación familiar.

Es un libro de enseñanza, de muerte, de vida, de locura, de lo real y olvidado. Los personajes con personas desenmarañando sus problemas de la mejor forma que pueden.  “Tokio Blues” fue convertido en película, con actores nipones, pero  ni ellos ni  el mismo cineasta logran transmitir el sentimentalismo nostálgico de Murakami. Un libro que sin duda no debes dejar de leer.

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