Mario Melgar-Adalid
Siete agentes de la DEA en Colombia asistieron invitados por un cártel de drogas a una fiesta privada. En Estados Unidos estas reuniones se conocen como sex parties y en México como encerronas. Michelle Leonhart, la directora de la DEA, con larga carrera en el combate a las drogas, renunció. No pudo cesar a los agentes enfiestados y sólo impuso una leve suspensión de dos a 10 días. La fiesta no parece ser la razón de la renuncia.
El Presidente Obama declaró el al semanario The New Yorker que la mariguana es menos nociva que el alcohol. En varias ocasiones el Presidente estadounidense se ha referido, con franqueza, al hecho de que la fumó. Ni vio a Dios, ni el diablo está escondido entre las verdes hojas. La Directora de la DEA, que dejará su cargo este mes, criticó las declaraciones del Presidente ante un grupo de funcionarios de la DEA.
Obama ha tratado de atemperar el conflicto de la ley federal con las leyes de cuatro estados (Washington, Colorado, Oregon y Alaska) que autorizan integralmente su uso y 23 estados que la permiten para fines medicinales. La disposición federal equipara a la cannabis con la heroína y el LSD. Leonhart, por su parte, siguió en la idea de perseguir a los productores y no abandonar los juicios federales en que se discute qué disposición debe prevalecer: si las modernas leyes de los estados o una obsoleta ley federal de 1970 (Controlled Substances Act).
Esta parece ser la razón de la renuncia: su oposición a la despenalización de la mariguana. La remoción, con el pretexto del escándalo sexual en Colombia, aclara el panorama para quienes impulsan la legalización de la cannabis. Los grupos que favorecen el avance de la mariguana en Estados Unidos cabildean para que el Presidente designe a quien propicie una aproximación racional al problema.
En México el tema había aparecido en la agenda, particularmente por simpatía de los gobiernos del Distrito Federal y de Morelos. No obstante y a pesar de las razones para el debate, las calamidades diarias (urgente mata importante) han recompuesto la agenda nacional: los temas de la República se desplazaron para centrarse en la corrupción generalizada, el conflicto de intereses, la Línea 12 del Metro, la desconfianza popular al poder debido a los abusos, la preocupación por el proceso electoral.
Es tiempo de regresar al debate. Hace dos años lo impulsó un grupo de intelectuales de avanzada ideológica. Es conveniente retomar esa discusión, pues mientras en México las grietas del Gobierno han impedido el análisis institucional sobre el tema, en Estados Unidos avanzan.
Cuatro estados han liberalizado la mariguana para todo uso, 23 para fines medicinales. California, frontera con México, lo hará seguramente en 2016 y otros estados se sumarán. Resulta esquizofrénico seguir en México una política de criminalización de usuarios de la mariguana, generalmente jóvenes sometidos a las arbitrariedades policíacas y judiciales, mientras en el vecino país se levantará inexorablemente la prohibición. El debate es urgente, pues en cuestiones de mariguana, México está ligado a Estados Unidos.
Si ellos empiezan a producir, transportar, comercializar y consumir legalmente del otro lado de la frontera, ¿qué pasará con la mariguana mexicana? ¿Dejará de producirse? ¿Aumentará el consumo mexicano? ¿Bajarán los precios? ¿Se buscarán otros mercados? ¿Seguirá el combate para impedir al tráfico hacia EU? ¿Tendremos que vigilar nuestras fronteras para evitar que se importe mariguana made in USA más barata, más limpia, más potente, más legal?
Tema de justicia cotidiana, aunque no se incluyó en las recomendaciones del CIDE que solicitó el Presidente Peña Nieto.