-Y la corrupción va
Por Julio César Vega Olivares
“El convenio de colaboración firmado esta semana por México y la OCDE busca ‘renovar’ y ‘mejorar’ la legislación mexicana en la lucha contra la corrupción”.
Virgilio Andrade, Secretario de la Función Pública, Abril de 2015
Sin duda la corrupción es un ente que supera nuestra capacidad de asombro, pero cuando observamos con cotidianidad que ésta es rebasada, puede ser porque ha aumentado nuestra capacidad de aguante; tal vez eso nos pasa con la corrupción. Otra opinión generalizada, por cierto, es que somos parte de una cultura de la corrupción y, por ello, con abnegación la aceptamos, tácitamente, claro; aunque todo esto parecen justificaciones para no combatirla o formas de desestimar este asunto, tan vergonzoso para México.
Ha habido intentos fallidos de combate a la corrupción en el país: Miguel de la Madrid, con su Renovación Moral de la Sociedad, que solo alcanzó a Jorge Díaz Serrano, pero en castigo por oponerse a su candidatura presidencial, porque don Jorge pensó que él podría ser el bueno; los corruptos, bien, gracias. Carlos Salinas encontró solo dos corruptos que encarceló: Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, y Eduardo Legorreta, vendetta política para el primero, y para el banquero y financiero, quien controlaba la Bolsa de Valores y lo culparon de la debacle de 1987, solo tres mil millones de dólares; en esa época, precisamente, su hermano Agustín Legorreta era el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, un claro ejercicio de disciplinamiento cupular. Ernesto Zedillo, por su parte, encarceló al hermano del ex presidente Carlos Salinas, Raúl Salinas de Gortari; Vicente Fox, al estilo porfirista, creó una comisión intersecretarial anticorrupción el mismo día que inició su mandato, y antes de llegar a la mitad de su administración, el Congreso mexicano aprobó dos nuevas leyes: la Ley de Acceso a la Información y la Ley del Servicio Civil, o sea, nada, a pesar de que prometió acabar con las tepocatas, alimañas, víboras prietas y demás fauna. Calderón, ni fu ni fa, lo único que hizo fue legalizar la corrupción, modificando la ley de PEMEX para que fuera legal asignar directamente los contratos, pues para qué licitar, es muy tardado y oneroso (y la casa pierde) , así convirtió a PEMEX en una agencia de venta de contratos. La ciudadanía observa, que la lucha contra la corrupción en México parece utilizar cargas de profundidad, calculadas para estallar superficialmente y no llegar al fondo.
Quizás el Presidente con mayor decisión en este sentido es Enrique Peña Nieto, al promover la Ley Anticorrupción, con un interés genuino y prioritario, al autorizar la firma del convenio con la OCDE contra la corrupción y crear la comisión y la Fiscalía Anticorrupción, aunque me parece podrían también nombrarse Jueces Anticorrupción.
El Presidente Enrique Peña Nieto va muy en serio contra este grave problema nacional, pero a pesar de sus esfuerzos, los senadores hacen tortuguismo y se están tardando demasiado, por lo que parece que los encargados de combatir la corrupción son los más interesados en mantenerla.
Ya la Procuraduría General de la República publicó un acuerdo en el Diario Oficial de la Federación donde se crea el puesto de Fiscal Anticorrupción, que lo ocupará quien designe el Senado, aunque se propone en la ley que esta fiscalía sea independiente y no dependa de la Procuraduría General de la República, pues solo sería el mismo caso, para qué nombrarlo externamente si depende del procurador que lo nombra otra persona, es como jugar carambola de tres bandas. Me parece que si de verdad se quiere luchar contra la corrupción, el Consejo Nacional Anticorrupción, los jueces anticorrupción y el fiscal anticorrupción deben ser cargos de elección popular, con facultades amplias de fiscalización, donde los secretos bancarios, fiscales, y las reservas de ley, etcétera, no operen, y con capacidad acusatoria en su caso, siendo elegibles para estos cargos personas apartidistas, de probada calidad y autoridad moral, además que este tipo de delitos sean federales, se persigan de oficio, y que si los congresos, sea el nacional o los de los estados, los solapan o coluden, aprobando informes que falsifiquen la realidad, sea delito grave también para los legisladores y/o regidores.
Que las investigaciones sean transparentes, y los juicios sean transmitidos por los medios adecuados, y puedan ser seguidos por la ciudadanía en general. Que los delitos donde se afecte el erario o el patrimonio público, prescriban a los 15 años, no en plazos risibles como hasta ahora; que los funcionarios de cualquier nivel, puedan ser investigados y condenados en el puesto; que el supuesto fuero, que se ha extendido hasta la impunidad, no opere en absoluto, y que el fiscal anticorrupción solicite la separación del cargo con pruebas suficientes, del funcionario corrupto, y un juez anticorrupción atienda la petición y se le retire del cargo y se le detenga, en su caso, hasta que se aclare el ilícito, y si resulta culpable, que se le condene, que no baste la reparación del daño como hasta ahora y que los funcionarios tengan la obligación de comparecer personalmente ante el fiscal o el juez, no que por su fuero solo manden un escrito y tan, tan; que los informes de gobierno sean de verdad una rendición de cuentas y si se miente, se desvían recursos o se falsifican datos, que esto sea un delito grave. Y para que sea parejo el asunto, que los jueces y el fiscal anticorrupción puedan ser separados del cargo por el Consejo Nacional Anticorrupción y procesados, y que el fiscal, en su caso, pueda procesar a miembros del Consejo Nacional Anticorrupción, para que la impunidad no cambie de bando.
México puede firmar muchos convenios, formar consejos, nombrar jueces y fiscales anticorrupción, pero para que funcione el sistema, debe acompañarse de la credibilidad de las instituciones y de las acciones, y de leyes que obliguen a todos los funcionarios, pero también a los jueces y al fiscal anticorrupción, a comportarse honesta y legalmente, o que paguen las consecuencias, porque sin duda, para proteger a los justos hay que cerrar el arca.
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