-Conocí a la mujer más vieja de Tuxpan
Por Nancy Jácome
Hace poco tuve la oportunidad de platicar con Lorenza
Cruz Santiago y me dijo: “Si estás soltera, no te cases”. Se me ocurrió plasmar estas palabras y un amigo me dijo que no hiciera caso.
Pero lo que la señora Lorenza en realidad quiso decir, es que las mujeres no se deben casar muy jóvenes, porque se exponen al sufrimiento. Ella se casó a los 14 años y recuerda a un Tuxpan muy pobre y muy frío. Así como un tiempo revolucionario.
Le pregunté si estudió y me dijo que no, “eso fue lo que me fregó”. Pocos sabemos que tenemos una joya, pues precisamente este año falleció la mujer más longeva de México, a la edad de 127 años en Jalisco.
No es cuestión de ganar el concurso de quién tiene la abuelita con mayor edad, sino de conocer que en nuestro Tuxpan hay personas con una gran historia. Como lo es la de doña Lorenza, que a sus 114 años admite ya estar olvidando varios detalles de su juventud. Recuerda que tenía muchos hermanos, pero no cuántos.
Tuxpan tiene tantos misterios como que Lorenza es uno de ellos. Justamente hablaba de eso con unos amigos que tienen pleito con los restaurantes, pues me aseguran que Tuxpan es cafetero; yo nunca lo consideré así hasta que me empezaron a contar la historia que hay detrás de cada restaurante y mesa de Tuxpan.
Ahí donde era El Quijote, había una mesa que aún es extrañada. Tuve la oportunidad de entrar al nuevo local que ahí establecieron, muy juvenil, con bebidas frescas y té de sabores que no sueles encontrar fácilmente en el Puerto. Yo estaba muy contenta probando el “Té de frutos pasión” y a mi lado estaba la cara de la nostalgia, uno de los tantos asiduos al Quijote no estaba contento con la nueva imagen, demasiado fresca, para un lugar que durante mucho tiempo fue hogareño.
Lugar desde el cual los intelectuales componían el mundo, o al menos Tuxpan. Las mesas no son las mismas, el lugar es demasiado blanco y mientras algunos aplaudimos el nuevo estilo. Quienes moraban por ese lugar beben el café con nostalgia de un pasado no tan lejano.
Al principio les servían una taza, ahora ya son dos. Pero el café no tiene el mismo sabor y son muchos los recuerdos de los comensales que deberá tumbar este nuevo lugar. Nos vemos en la próxima columna, tal vez acompañada por un café o por un “Té de frutos pasión”.