19 de Marzo de 2026

HAMBRE

Por Julio César Vega Olivares

Todas las noches sueño que he regresado a la escuela, que mi profesora me enseña y me he reunido con mis padres. Que vivimos en paz en nuestro hogar y que todo está bien en el mundo. Noor, 8 años Campamento de desplazados en Beharka, Iraq, septiembre de 2014

Entre los días 25 y 27 de septiembre se desarrolló la cumbre de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2015, bajo el slogan “Es la hora de la acción mundial, por las personas y el planeta”, que más bien parece una frase estereotipada de Deepak Chopra, conocido espiritualista motivacional.

La ONU es una institución que agrupa a las naciones del mundo, cuyas decisiones en su Consejo de Seguridad dejan mucho que desear, pues estas decisiones han provocado una de las causas principales del hambre en el mundo, las guerras, complementarias a la pobreza.

En el año 2000, la ONU establece los ocho objetivos del milenio, uno de ellos es “erradicar la pobreza extrema y el hambre”, que caducaba en el 2015; ahora en este nuevo planteamiento esboza no ocho, sino 17 objetivos, y los dos primeros son: 1.- Poner fin a la pobreza en todas sus formas, en todo el mundo y 2.- Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible; a decir de ellos, abreviadamente, “hambre cero”.  

Bueno, para ello la ONU mantiene organizaciones humanitarias que buscan, más que otra cosa, legitimar su propia existencia y ocultar sus pifias, la UNICEF y la FAO, que persiguen luchar contra la pobreza y el hambre, aunque parece que los objetivos se han ampliado, ya no sólo la lucha es contra la pobreza extrema, sino contra la pobreza en todas sus formas, y complementariamente  “hambre cero”.

Pero, ¿ha tenido éxito la UNICEF, o la FAO? Señalan que el número de personas subalimentadas supera en 285 millones la meta propuesta por ellos en el 2000 para 2015,  por lo que me parece que no.

Si consideramos sólo los puntos 1 y el 2, de la propuesta de desarrollo sostenible 2015, porque los demás son complementarios, ya que si estos dos se resuelven, serían consecuencia de que funcionaron los otros 15, entonces la respuesta está en sus propias cifras; claro, una cifra lapidaria es aquella que nos muestra el número de muertos por hambre en el mundo, por ejemplo, que cada 10 segundos muere un niño de hambre. Ellos dicen que 19 mil niños mueren diariamente por diversas causas, pero que sólo seis mil 400 perecen de hambre; otros dicen que mueren más de ocho millones de personas al año de hambre, en fin, la cifra es grande, y aumenta no sólo por la pobreza, sino también  por las áreas de guerra o conflictos armados en África, Asia y Medio Oriente, y en todo caso, la parte de la población más susceptible a estos efectos son los niños,  porque están supeditados  a recibir los  alimentos de sus padres o familiares.

La FAO estima que 852 millones de personas en el mundo padecieron subnutrición en el período 2000-2002, pero no hablamos de subnutrición, sino de hambre, una subnutrición extrema, que pude causar la muerte, cuestión que estas cifras parecen querer ocultar, pero otras cifras nos dicen que el aumento por sí mismo de la población eleva la cantidad de pobres; en el año 2000 había 6 mil 100 millones de habitantes y en 2015,  7 mil 324 millones de habitantes en el mundo, y la cifra primera señalada, 852 millones, corresponde al 14 por ciento del total en esa fecha; aun con estas cifras maquilladas, utilizando este porcentaje aplicado al 2014, serían actualmente un mil 25 millones de subnutridos. El Banco Mundial señala que son un mil 290 millones de pobres extremos, en 2014, por lo que las cifras de la ONU no son creíbles, pero hay algo adicional, es que la única manera de acabar con la pobreza es el empleo permanente y bien remunerado, y esas condiciones no se han dado.Pero la subnutrición si bien no siempre mata, genera una dinámica de falta de rendimiento físico e intelectual,  una minusvalía de por vida, ya que desde el momento del  nacimiento, la balanza se inclina en su contra; los lactantes con bajo peso resultado de la desnutrición, al nacer corren un riesgo mayor de morir durante sus primeros años de vida, de padecer un retraso en su crecimiento físico y cognitivo durante la infancia, de tener capacidades reducidas para trabajar y obtener ingresos en la etapa adulta y, si son mujeres, de dar a luz ellas también a recién nacidos, a su vez, con insuficiencia ponderal, falta de crecimiento y deficiencias cognoscitivas.

 

En México la pobreza empezó a causar preocupación cuando el CONEVAL reportó  en 2010 que el número de personas en pobreza extrema era de 7.4 millones, eso bastó para que el Gobierno implementara la Cruzada contra el Hambre, a través de la cual se garantizarían algunos derechos constitucionales establecidos en el Artículo Cuarto; pero éste no sólo se refiere  a la cantidad, sino que el propio artículo establece el derecho a una  alimentación nutritiva, suficiente y de calidad. Así mismo es un derecho social, como ordenamiento federal, y también existen diversos tratados firmados por México en ese sentido, como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, donde también se reconoce el derecho a la alimentación, determinando que el Estado garantizará estos derechos, y se considera de interés publico prioritario, los programas y acciones para asegurar la alimentación.  Así que esta Cruzada no es un programa electorero como muchos pueden pensar, sino un cumplimiento constitucional e internacional, definiendo hambre como sinónimo de desnutrición crónica, como resultado de la privación de alimentos, o una alimentación incompleta , que no nutre adecuadamente, sin embargo los pobres crecen en número más rápido que los recursos aplicados, ya que en 2014 la cifra de pobres extremos, según CONEVAL, era de 11 millones 529 mil personas, sector en que la deficiencia alimentaria es crónica, así que se requieren no sólo mayores recursos, sino un plan de empleo y crecimiento económico, pues  de otra manera jamás acabará este problema.

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