24 de Octubre de 2021

Bernardo Gutiérrez Parra

Es costumbre casi religiosa, (además de patológica y hasta fisiológica) que político que llega al poder es político que se zurra a su antecesor. Desde presidentes de la República pasando por gobernadores y alcaldes, todos se divierten del modo que lo hacían nuestros abuelos en las ferias: pegándole al negro. Aunque el negro en este caso sea el predecesor.

Entre los pleitos de antología figuran el de Luis Echeverría con Gustavo Díaz Ordaz, el de José López Portillo con Echeverría y ni qué decir del de Ernesto Zedillo con Carlos Salinas. Aunque es bueno apuntar que si Echeverría se pasó de manchado con don Gustavo, López Portillo tuvo que mandar a las islas Fiji al mismo don Luis y Zedillo se vio en la imperiosa necesidad de meter al bote a un hermano de Salinas, porque ambos ex presidentes querían seguir cuchareando en un plato que ya no era suyo, es decir, querían enseñarle a sus sucesores cómo gobernar y pues eso nomás no.

También hay que señalar que estos pleitos obligaban al agredido a guardar silencio y aguantar vara en lo que es sin duda el primer antecedente del bullying. Pero esta regla no escrita la rompió Luis Echeverría (aparte de romperle la madre al país) y de ahí se han seguido casi todos los ex presidentes.   

 

Estos encontronazos han trascendido a gobernadores y presidentes municipales. Enlistarlos a todos llevaría tiempo y uno no terminaría porque cada tres o cuatro años se reciclan. Por ejemplo, casi todos los presidentes municipales que tiene hoy Veracruz desean ver rostizándose a las brasas a sus antecesores.  

Por eso no deja de llamar la atención el reconocimiento público y la amistad que el presidente municipal de Tuxpan, Raúl Ruiz Díaz, le profesa a su antecesor Alberto Silva Ramos; amistad que es correspondida por éste.  

Para nadie es un secreto que la comuna encabezada por Raúl Ruiz recibió una deuda que hubiera sido motivo de discordia con Silva Ramos, pero no es así. En entrevista concedida a un semanario de Xalapa y al mencionar el tema el alcalde tuxpeño indicó: “Tenemos dinero para pagarla, es a mi entender una deuda muy responsable. La de Silva Ramos es la administración que más ha hecho en la historia de Tuxpan  y reitero, tenemos para pagar lo que se debe sin ningún problema porque el adeudo es a largo plazo”.

Pero esto no lo dijo para la foto. Cuando Raúl y Alberto tienen oportunidad conviven como lo que son: un par de grandes amigos.

Eso sí, una persona muy cercana a ambos comentó a este columnista que ni el ex alcalde le dice al actual munícipe cómo gobernar, ni Raúl le pregunta a Alberto cómo resolver algún problema. “Es una amistad basada en el respeto al trabajo que cada uno de ellos ejerce”.

Y en efecto, se ven, se saludan, se hablan, conviven. Ruiz Díaz ha dicho públicamente que desea continuar con la obra que realizó su antecesor, mientras Silva Ramos, desde el ámbito de su competencia, apoya los proyectos que el munícipe lleva a cabo en el puerto.

Claro, no faltará quien diga que esta amistad es políticamente incorrecta e insana para Tuxpan. Falso, la amistad, la verdadera amistad, no sabe de política y jamás será insana.

 

 


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