Jorge Camil
Recién recuperado de lesiones causadas por su padrastro, el policía Rubén Díaz Alamilla, al pequeño Owen no le tomó mucho tiempo darse cuenta del poder que le dieron los medios. Con esa sorprendente facultad de recuperación que tienen los pequeños, Owen se despertó un día pidiendo al hospital un menú de antojos: pastel de chocolate y tacos al pastor. El menor de 5 años había ingresado días antes con un cuadro médico alarmante: fracturas recientes, moretones en todo el cuerpo; quemaduras provocadas por un encendedor y cigarrillos; más grave aún, sufría perforación del intestino.
Mucho de eso ocurrió en presencia de su madre, la policía de crucero Irma Virginia Salazar, que ya lo había llevado al DIF anteriormente, intentando ingresarlo con el cuento de “accidentes caseros”.
Aún en presencia de la madre, el padrastro trataba al menor con la crueldad extrema que describe el Código Civil al hablar de “sevicia”: lo “disciplinaba” a base de patadas y golpes con el puño cerrado…
Hoy Virginia está en la cárcel, y el padrastro acaba de ser capturado, tras dos semanas de andar a salto de mata, después de la “ficha roja” de Interpol, que autorizaba su arresto en cualquier lugar del mundo. Sin pruebas a su favor el padrastro se echó esta semana en brazos del tribunal solicitando el beneficio de la “presunción de inocencia.” (¡Había que ver las fotos del menor lesionado para calificar esa “inocencia”!)
Luego vendría el drama de los familiares de Owen, que al darse cuenta de los beneficios de su notoriedad, se peleaban la custodia, las dos abuelas y una tía fueron rechazadas esta semana, con el argumento de que no estaban preparadas para hacerse cargo, ni para asumir su educación. El mismo rechazo sufrió la semana pasada el padre biológico de Owen, y una pareja de franceses que insistía en adoptarlo; la excelente cobertura de EL UNIVERSAL mostró no solamente la historia descarnada del pequeño Owen, sino la ejemplar protección que está recibiendo del DIF y de las autoridades del Estado de México.
La tragedia de Owen surge cuando 60 mil menores centroamericanos que se han ido congregando misteriosamente en la frontera norte, pretenden ingresar ilegalmente a Estados Unidos; sin visa de entrada y sin estar acompañados por un adulto. Esperan ser acogidos esta semana en bases militares de Texas y Oklahoma. El gobierno americano dice que no entiende el fenómeno, pero al menos reconoce que se trata de una crisis humanitaria de proporciones mayores.
¿De dónde surgen esos “niños abandonados”? ¿Son parte de un plan para reunirlos con sus padres en Estados Unidos? Quizá sean únicamente consecuencia de la pobreza y deterioro de la vida familiar en esos países; también evidencia de la incapacidad de esos gobiernos para proporcionarles educación y oportunidades de trabajo. Casi todos son menores de 13 años. Algunas autoridades en Estados Unidas están firmemente convencidas que es se trata de un plan para acelerar la solución del problema migratorio. Esta semana se reúnen en Washington legisladores de Estados Unidos con los embajadores de Centroamérica.
Owen parecía emocionado cuando fue dado de alta para ser trasladado en helicóptero del grupo “Relámpagos” a un albergue del DIF en Toluca. Allí vive hoy en una casa independiente al cuidado de una madre sustituta que vigila a 3 niños, vestía una gorra del grupo “Relámpagos”, y llevaba cuadernos para iluminar y lápices de colores.
¿Quién le proporcionará el apoyo emocional que necesite cuando asimile la destrucción de su hogar por la prisión de los padres? Niños como Owen son atractivos para las pandillas de depredadores del crimen organizado que operan en la frontera con Estados Unidos…