Asia está muy lejos de México, pero en nuestro país, la población de origen asiático pasa casi inadvertida, nunca hemos sido un país de inmigración asiática, sus lenguas nos resultan ininteligibles, decimos “está en chino” cuando algo escapa a nuestra comprensión, en lugar de letras usan ideogramas, miles de figuras que describen ideas o conceptos, sus escritos no se traducen, se interpretan, sus culturas milenarias, más allá de expresiones como el yoga y las artes marciales, tienen poco espacio en nuestra cultura.
Y sin embargo, es en Asia en donde se está fraguando el futuro del mundo, pues así como nos tocó vivir un siglo XX en el que la globalización fue occidental, judeocristiana e hija del racionalismo, los que llamamos asiáticos (la palabra Asia fue un invento europeo) en poco o nada se sienten identificados con estos valores.
El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), en un esfuerzo por ilustrarnos, acaba de sacar el documento, “ La relevancia de Asia Pacífico en el siglo XXI”, que en diez magistrales páginas describe la realidad actual de eso que llamamos Asia, una zona que va de Afganistán a Japón y de Mongolia a Australia.
Los países en ese enclave representan el 60% de la población mundial, en diez de estos países se concentran el 70% de las reservas mundiales de divisas, la clase media mundial se encuentra concentrada en esa región, que representa el 32% del comercio mundial, se dice que en 2014 la economía China rebasará a la economía estadounidense, medidas por su PIB (ciertamente no por su PIB per cápita); se nos olvida que a principios del siglo XIX China era la economía más grande del mundo, y que lo fue por veinte siglos.
China reapareció en el siglo XXI en el centro de los reflectores, sin embargo, no van solos, pues a pesar de las enormes diferencias étnicas, religiosas y políticas entre los países de la zona, en el siglo XXI se ha detonado un acelerado proceso de integración regional, iniciado por las fuerzas del mercado y ahora promovido por los gobiernos “frente a los peligros de la globalización” un concepto acuñado en occidente.
En la Cumbre de Asia Oriental, iniciada en 2005 y en la que participan 16 países de la región, se discute el futuro de Asia como una comunidad, se habla de una “identidad asiática” y de “valores asiáticos” que no necesariamente coinciden con los “valores occidentales”. De valores que vienen del confucionismo, como la prioridad de la comunidad sobre el individuo —idea dos milenios más antigua que el socialismo y el comunismo—, el aprecio por el ahorro - poco visto en occidente- y el rechazo a la creencia de que el gobierno y el sector privado deben ser rivales. La identidad asiática adquiere tal fuerza, que se mueve a pesar de grandes rivalidades, como la que puede existir entre China y Japón. ¿Podemos hablar aquí de “valores de América del Norte” o de “valores de América Latina” que nos den identidad frente al resto del mundo?
Nuestra vecindad con Estados Unidos nos ha permitido a los mexicanos vivir en vacaciones geopolíticas. Sin necesidad de preocuparnos por amenazas militares o de otra índole. Con un mercado seguro para mano de obra, manufacturas y todo lo que seamos capaces de producir.
Nuestra confortable posición junto a Estados Unidos ha sido incentivo suficiente para no ocuparnos del resto del mundo, pero ahora el juego se está moviendo de cancha y de jugadores y las reglas están cambiando, quizás ya sea tiempo de dejar nuestras vacaciones geopolíticas y de tratar seriamente de entender la lucha de titanes del siglo XXI, lo que esto significa para Estados Unidos y, por ende, para el futuro de México. Sin duda un buen tema para ocuparnos después de los triunfos futboleros de México en las canchas de Brasil.