EN PETIT COMITÉ

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ASALTO A LA DEMOCRACIA, EL OCASO DE UN SICÓPATA

ÓSCAR MARIO BETETA

El Diario de un Loco Moderno se aproxima a su epílogo. En doce días, su sueño de seguir siendo el hombre más poderoso del planeta tendrá punto final. En ese tiempo, quizás antes por la presión para invocar la enmienda 25 para que Mike Pence asuma la presidencia, acabarán los desvaríos de Trump y se marchará en la soledad. En menos de 300 horas, la pesadilla que ha sido para Estados Unidos y el mundo, habrá concluido.

Nunca, en ningún lugar, debe reeditarse la historia de terror con la que ese personaje ejerció el poder. Las democracias no deben admitir jamás un nuevo Nerón ni un Calígula.

La vesania de Trump fue de siempre. En su trayectoria de magnate, ha sido la constante.

Su poder económico, al que sumó el poder político, no tuvo límites, ni pudor, ni freno. La manera como ha “gobernado”, se caracteriza por irracional, descarnada, brutal y cruel.

La principal herramienta con la que llevó a cabo su funesta obra de destrucción de valores, formas, conductas y protocolos, fue la palabra. Y como la palabra mata, políticamente está muerto, lo que deberá en parte a la corrompida “libertad de expresión” que, sin ninguna ética, pulula en las redes sociales.

La vida de Aksenti Ivanovich Poprishchin, personaje central del cuento de Nikolái Gógol, de apenas 20 páginas, escrito en 1835, guarda cierto paralelismo con la de Trump. En la pérdida de su salud mental, aquel descubre que es rey de España mientras éste, también demente, cree que debe seguir teniendo el mundo en sus manos.

Para ello, trató de consumar un golpe electoral, que habría sido un “golpe de Estado democrático”, figura inédita por su eventual consumación en las urnas, lo que refleja, incluso, mucha torpeza y no poco cinismo. Su afán por tomar por asalto la presidencia para un segundo periodo, por fortuna, ha sido un rotundo fracaso.

Su intento de manipular por todos los medios instituciones, leyes y funcionarios, y su irresponsabilidad de instigar la violencia con el trágico ataque al Capitolio, animado por sus ilimitadas ambiciones, toparon con el muro que en sí mismos constituyen como producto de la democracia. Con eso, se ratifica la máxima de que los hombres pasan y las instituciones permanecen, las cuales deben seguir sólidas e inalterables como garantía de paz, convivencia y progreso.

La falta de razón que caracteriza el desempeño político de Trump; sus incontrolables impulsos demenciales y su arrogancia, que generaron sobresaltos en gobernantes, países y sociedades por doquier son, empero, una lección que, a fin de que no se repita, debe ser aprendida por epígonos, fanáticos y militantes de la esquizofrenia.