Por: Salvador Hernández García
Los vendedores de imagen, cáncer prostático en los procesos electorales.
II Parte
Así se tiene que en el presente, una vez abierta LA CAJA DE PANDORA y esparcidos sobre la atmósfera electoral todos los males de la humanidad, esas voraces e insaciables pirañas tipificados por los “vendedores de imagen” ya han pactado complicidades con el duopolio televisivo, cuyos operadores además de imponer sus condiciones como dueños de sus matracas, sin pudor, ni rubor alguno, han puesto en venta a precios muy caros sus espacios publicitarios, que en su caso difundan las imágenes de los candidatos que habrán de pagar por ello con el dinero proveniente de los bolsillos de los contribuyentes. Por supuesto que sin distingo de colores, que bien o mal pueden ser azules, naranjas, amarillos o tricolores, confiados en que en su oportunidad seguramente que superaran su daltonismo de la víspera y… Tutti Contenti.
¡MALA LEVADURA ES EL HOMBRE!, diría Aristóteles, y los vendedores de imagen se han ajustado al término y continúan explotando como filón los egos del ZOON POLITIKON, el animal político por naturaleza, siempre dispuesto a despilfarrar los recursos públicos saqueados a los contribuyentes.
Y tal como están las cosas y se advierten las perspectivas que incidirán como factores determinantes en el ya presente proceso electoral, no resulta ocioso traer a colación lo ocurrido en el pasado a efecto de tomarlo como una lección para evitar que vuelva a ocurrir, particularmente ahora que un “villano no invitado” se encuentra al acecho para involucrarse en éste evento, como lo es en éste caso el llamado crimen organizado,
Se recordará que en el pasado, conforme fue avanzando (2006) el proceso electoral Presidencial, el citado tipo de mercaderes se fueron involucrando en su desarrollo a grado tal, que en un momento dado formaron parte del mismo prácticamente como “consejeros virtuales” de las Autoridades Electorales, no solamente como tales, sino además se improvisaron como líderes de opinión y hasta como factores inductivos de decisión, todo ello tolerado por los organismos electorales capitaneados por un vendible y comprobables señor Ugalde de ingrata memoria, teniéndose así que una vez colados de rondón en dicho proceso electoral, el duopolio televisivo por medio de sus amanuenses mamposteados en sus espacios noticiosos de mayor rating, colateralmente a la difusión de los sucesos electorales que iban ocurriendo, le fueron adicionando tendenciosos comentarios de su propia cosecha a favor o en contra de determinado partido político o candidato, según el valor de la compra de imagen de cada “marchante”, y para agilizar el mercado e incrementar la subasta, llegaron inclusive el extremo de improvisar en sus espacios noticiosos una especie de TRIBUNALES DE LA SANTA INQUISICIÓN, mediante los cuales sus amanuenses lectores de noticias, improvisados en inquisidores, vedores, oidores y hasta verdugos, se dieron vuelo mandando al cadalso, al potro o a la hoguera al cliente del bolsillo más rascuacho, o excomulgado a cual más, cual menos.
A esas alturas ya los colados “vendedores de imagen” le habían creado una atmósfera malsana de confusión a la legitimidad del Proceso Electoral, como consecuencia de la manipulación informativa de su desarrollo, en tanto que por otra parte gradualmente fueron creando una psicosis colectiva de fanatismo inter partidista entre el electorado potencial dispuesto a manifestarse con violencia al primer hervor de ese caldo de cultivo, cocinado por esos intrusos agentes patógenos.
Y en tales condiciones se tuvo que cuando en su momento el I.F.E. dio a conocer oficialmente los cerrados resultados electorales Presidenciales, y se manifestó la reacción consecuente del candidato presuntamente perdedor y colateralmente se produjo la impugnación procedente de su Partido Político; los “vendedores de imagen” previamente comprometidos con su clientela hipotéticamente triunfadora, ni tardos ni perezosos volvieron a la carga sintiéndose llamados a zafarrancho de combate, e independientemente de que siguieron incrementando el costo de sus facturas por gastos adicionales, en un momento dado se auto habilitaron en máximos Tribunales de Justicia Electoral, y fueron ellos los que regañaron y señalaron las pautas a seguir a los actores políticos participantes; fueron ellos los que les llamaron la atención a los Magistrados del TRIFE y les dictaron las instrucciones a seguir; fueron ellos los que juzgaron a los juzgadores, y los que, ya una vez curados de su daltonismo de la víspera que les impedía hasta ese momento distinguir los colores, a partir de que ya distinguieron una diáfana claridad el color azul, pintado de azul, y bajo esa óptica adicionalmente dedicaron sus mórbidos y tortuosos afanes de deslegitimar a “la competencia” y a borrar todo lo amarillo.
Pero lo peor del caso vino a ser que esos mercachifles colateralmente continuaron atizando la hoguera de las pasiones entre los más de cuarenta millones de Mexicanos que emitieron su sufragio en el citado Proceso Electoral del 2006, particularmente de los 30 millones de ellos que, con una ligera diferencia votaron por los candidatos de los dos Partidos políticos en pugna, en forma proporcional.
A éstas alturas no se olvida que fueron precisamente estos mercaderes los que con su intrusión deslegitimaron y pusieron en duda los resultados electorales del pasado proceso Presidencial. Fueron ellos los que en su momento atizaron la hoguera de las pasiones y estimularon las rivalidades.
Fueron ellos los mismos que al tratar de sacralizar a una de las partes en pugna que era su cliente, satanizaron a la otra, “la competencia”. Fueron ellos y nadie más los que con sus comentarios tendenciosos y la manipulación de los hechos y la degeneración de la noticia, en la ocasión de referencia amarraron las navajas, sembrando los odios y exacerbando los ánimos de los electores.
A 6 años de distancia de ello se impone reflexionar sobre el pasado hasta llegar a la conclusión, de que por la más elemental asepsia el electorado potencial debe de evitar ser manipulado en su voluntad electoral, por ésta surtida cáfila de encuestadores, vendedores de imagen, sedicentes “líderes de opinión” y merolicos lectores de noticias de tiempo triple “A”, y que en el presente, tal como coloquialmente se dice: “No está el horno para bollos” , y particularmente hay que tener presente que estamos en la obligación ciudadana de evitar que continúe manifestándose ese MÉXICO BRONCO al que aludía D., Jesús Reyes Heroles, del que recomendaba… NO DESPERTARLO.