La ayuda de México a Venezuela tras los sismos muestra que la solidaridad también es una expresión de poder nacional.
Las Fuerzas Armadas mexicanas también hacen diplomacia. Lo hacen con soldados, pilotos, guardias, marinos, aeronaves, vehículos y buques capaces de llevar auxilio donde una emergencia destruyó hogares y esperanza. La ayuda de México a Venezuela muestra que la solidaridad también es una expresión de poder nacional.
Rescatar vidas y devolver dignidad. El Agrupamiento de Ayuda Humanitaria Yumare salió el 26 de junio rumbo a Venezuela. Lo integraron 264 militares y 18 binomios canófilos. Fue de los primeros contingentes en llegar y la segunda delegación más numerosa entre los 26 países que apoyaron a esa nación hermana. Entre escombros, dolor y pérdidas, rescató con vida a dos personas y dos perros, además de recuperar 92 cuerpos. Cada vida salvada devolvió un abrazo. Cada cuerpo recuperado permitió cerrar una búsqueda e iniciar el duelo con dignidad. Bajo el liderazgo del general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, el personal mexicano mostró preparación, valor y sentido humano.
Una cadena logística nacional. La misión continuó con una operación coordinada. El Ejército Mexicano trasladó por tierra hasta el puerto de Veracruz alimentos, agua, medicamentos, insumos médicos y artículos de higiene. La Fuerza Aérea Mexicana apoyó por aire el movimiento de suministros para concentrar la carga que sería embarcada por la Armada.
En Veracruz, personal naval recibió, organizó y colocó los apoyos en los buques ARM Isla Holbox y ARM Huasteco. Desde ahí comenzó la travesía por el Caribe hasta La Guaira. Hoy, a las ocho de la mañana en Venezuela, seis de la mañana en México, ambos buques arribaron con más de 388 toneladas de ayuda, distribuidas en 708 pallets y más de dos mil metros cúbicos. También transportan cuatro plantas potabilizadoras y personal especializado.
Solidaridad por mar. El arribo tendrá una fuerza simbólica especial. En sus bodegas no viajan armas para imponer una decisión por la fuerza o poder duro (Hard power), sino agua para beber, medicinas para sanar, alimentos para resistir y equipo para reconstruir. Llegan marinos mexicanos después de cruzar el Golfo de México y el Caribe con la bandera nacional en misión humanitaria. Esto es poder blando (Soft power) convertido en solidaridad. Bajo el liderazgo del almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, secretario de Marina, la Armada confirmó su movilidad estratégica por los mares.
Defensa aportó rapidez en el rescate, el transporte terrestre y el apoyo aéreo hasta Venezuela y Veracruz. La Armada convirtió ese esfuerzo en una operación naval de largo alcance. Esa coordinación es diplomacia militar humanitaria. No sustituye a la política exterior, la fortalece con hechos.
TRES DE DIANA Y FANFARRIAS: Por los 278 graduados del Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV). El pasado viernes, su director, el vicealmirante Rubisel Venebra Jaimes, dejó una reflexión que acompañará su trayectoria. “El estudio constituye una responsabilidad permanente, ya que la tecnología evoluciona, las amenazas se transforman y los intereses nacionales demandan nuevas respuestas. Y quien deja de aprender renuncia a su capacidad de servir a la nación”. Generación 2025-2026, les deseo buena mar y mejores vientos.